domingo, 28 de junio de 2015

Jardines Majorelle en Marrakech

Marrakech es una ciudad espectacular, a mí me encantó, pero también es ruidosa, caótica y puede llegar a agobiar, para combatir estos momentos en los que te pueda parecer que la ciudad te supera te propongo escapar a los Jardines Majorelle.

Jardines-Majorelle-Marrakech

No están lejos, puedes llegar en un momento en taxi o en calesa, pero el ambiente que encontrarás es muy diferente al que hay en el resto de Marrakech.


Estos jardines datan de la época en la que Marruecos era un protectorado de Francia, en 1924 el pintor francés Jacques Majorelle mandó construir un chalet en estilo Art Deco para vivir y trabajar y alrededor de él empezó a formar un jardín botánico que le ayudaran en su inspiración artística.

Jardines-Majorelle-Marrakech
Taller de Jacques Majorelle
Posteriormente este artista creó el color azul majorelle, color que utilizó para decorar su propiedad, que en 1947 abrió al público.

Jardines-Majorelle-Marrakech
Tras un accidente en 1962 Jacques Majorelle decidió volver e Francia y los jardines quedaron abandonados hasta que en 1980 Yves Saint Laurent adquieren la propiedad, la restauran y incluso la aumentan incorporando más especies de plantas y transforman el taller en un museo de arte islámico en el que exponen su colección.

Jardines-Majorelle-Marrakech
Yves Saint Laurent tenía a Marrakech como su ciudad favorita y cuando murío en 2008 se esparcieron sus cenizas en los Jardines Majorelle y se levantó un sencillo monumento en su memoria.

Jardines-Majorelle-Marrakech
Memorial a Yves Saint-Laurent
La entrada a los Jardines Majorelle no incluye la entrada al museo de arte islámico y nosotros decidimos no entrar a este último pero salimos muy satisfechos de nuestra visita a los jardines. Fuimos a primera hora de la tarde, cuando en la medina hacía un calor asfixiante y estos jardines resultaron ser un remanso de tranquilidad y frescor.

Jardines-Majorelle-Marrakech
Los jardines, donde abundan los cactus y otras plantas tropicales, están regados por numerosas fuentes y estanques con plantas acuáticas, si añadimos el color azul majorelle de la decoración y el silencio que había, el resultado fue un paseo muy agradable y reconfortante para volver a la medina con ganas de seguir visitando está maravillosa ciudad.


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